Evangelio de Hoy

04/12/2010 – Sábado de la 1a semana de Adviento
1ª lectura: Se apiadará a la voz de tu gemido

Lectura del libro de Isaías 30, 19-21. 23-26

Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que
llorar, porque se apiadará a la voz de tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor
te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro.
Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: “Éste es el
camino, camina por él.” Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de
la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas;
los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y
horquilla. En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la
gran matanza, cuando caigan las torres. La luz de la Cándida será 1 como la luz del Ardiente, y
la luz del Ardiente será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure
la llaga de su golpe.»

Salmo: Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6
R. Dichosos los que esperan en el Señor

Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor
reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel. R. Él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. R.
Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados. R.

Evangelio: Al ver a las gentes, se compadecía de ellas
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 35-10, 1. 6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando
el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes,
se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen
pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
– «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que
mande trabajadores a su mies.»
Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda
enfermedad y dolencia.
A estos doce los envió con estas instrucciones:
– «ld a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.
Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.
Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»

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