Evangelio de Hoy

30/09/2008, Martes de la 26ª semana de Tiempo Ordinario.

PRIMERA LECTURA
¿Por qué dio luz a un desgraciado?
Lectura del libro de Job 3, 1-3. 11-17. 20-23

Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: «¡ Muera el día en que nací, la noche que dijo: “Se ha concebido un varón”! ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar? Ahora dormirla tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. Ahora seria un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansia la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 87, 2-3. 4-5. 6. 7-8
R – Llegue hasta ti mi súplica, Señor.

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia; llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor. R. Porque mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está al borde del abismo; ya me cuentan con los que bajan a la fosa, soy como un inválido. R. Tengo mi cama entre los muertos, como los caldos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano. R. Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del fondo; tu cólera pesa sobre mi, me echas encima todas tus olas. R.

SEGUNDA LECTURA

EVANGELIO
Tomó la decisión de ir a Jerusalén
Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 51-56

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tornó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: -«Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?» Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

Palabra del Señor.

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