Memoria, SANTA CLARA, Virgen
MR pp. 767 y 914 [794 y 953] / Lecc. II p. 672
ANTÍFONA DE ENTRADA
Ésta es la virgen sabia, a quien el Señor encontró velando; la que, al tomar su lámpara, llevó consigo aceite y, cuando llegó el Señor, entró con él a las bodas.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que misericordiosamente condujiste a santa Clara al amor por la pobreza, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en el reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo…
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel 2, 8–3, 4
Esto dice el Señor: «Hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte y no seas rebelde como la casa rebelde. Abre la boca y come lo que voy a darte». Vi entonces una mano tendida hacia mí, con un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por dentro y por fuera; tenía escritas lamentaciones y amenazas. Y me dijo: «Hijo de hombre, come lo que tienes aquí; cómete este libro y vete a hablar a los hijos de Israel». Abrí la boca y me dio a comer el libro, diciéndome: «Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este libro que te doy». Me lo comí y me supo dulce como la miel. Y me dijo: «Hijo de hombre, anda; dirígete a los hijos de Israel y diles mis palabras». Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 118
R. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría. Me gozo más cumpliendo tus preceptos que teniendo riquezas. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría; ellos son también mis consejeros. R. Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata. ¡Qué dulces al paladar son tus promesas! Más que la miel en la boca. R. Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón. Hondamente suspiro, Señor, por guardar tus mandamientos. R.
ACLAMACIÓN ATES DEL EVANGELIO Mt 11, 29
R. Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón. R. Aleluya.
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?» Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños». Palabra del Señor.
