Reflexión sobre el Evangelio de Hoy (Lucas 6;12-19)

A Dios no lo podemos encontrar en medio del ruido y la agitación. (…) En el silencio Él nos escucha; en el silencio Él habla a nuestras almas. En el silencio se nos concede el privilegio de escuchar su voz.

Silencio de los ojos,
Silencio de los oídos,
Silencio de la boca,
Silencio de la mente.
En el silencio del corazón Dios habla.

Es necesario el silencio del corazón para poder oír a Dios en todas partes, en la puerta que se cierra, en la persona que nos necesita, en los pájaros que cantan, en las flores, en los animales. Si cuidamos el silencio será fácil orar. En las historias y escritos hay demasiadas palabras, demasiada repetición, demasiada machaconería. Nuestra vida de oración sufre mucho porque nuestro corazón no está en silencio. Guardaré el silencio de mi corazón con mayor cuidado para oír sus palabras de consuelo en el silencio y para consolar a Jesús en su sufridor disfraz de pobre desde la plenitud de mi corazón.

Santa Teresa de Calcuta. El Amor Más Grande, p. 5