Comentario al Evangelio de Hoy 24 enero 2012

Las que se consagran totalmente al Señor, no deben afligirse de que guardando su virginidad como María, no pueden ser madres según la carne… El que es fruto de una sola Virgen santa, es la gloria y el honor de todas las demás vírgenes, porque como María, son madres de Cristo, si hacen la voluntad de su Padre.
La gloria y la felicidad de María, de ser la madre de Cristo, alcanzan a todos en estas palabras del Señor: “Quien hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Indica así el parentesco espiritual que lo relaciona con pueblo que rescató. Sus hermanos y sus hermanas, son los varones y las mujeres santas que son coherederos con él de su herencia celeste (Rm 8,17).
Su madre es la Iglesia entera, porque ella es quien, por la gracia de Dios, da a luz a los miembros de Cristo, es decir a los que le son fieles. Su madre es también toda alma santa, que hace la voluntad de su Padre y cuya caridad fecunda se manifiesta en aquellos a los que da a luz para Él, “hasta que Él mismo, sea formado en ellos ” (Ga 4,19)…
Entre todas las mujeres, María es la única que es virgen y madre al mismo tiempo, no sólo por el espíritu, sino también por el cuerpo. Es madre según el espíritu… de los miembros de Cristo, es decir de nosotros, porque cooperó por su caridad a dar a luz en la Iglesia a los fieles, que son los miembros de esto divino Maestro, nuestra cabeza (Ef 4,15-16), verdaderamente Ella es madre según la carne. Hacía falta, en efecto, que nuestro Maestro naciera, según la carne, de una virgen para enterarnos de que nosotros, sus miembros, debíamos nacer según el espíritu de otra virgen que es la Iglesia. María es pues la única, que es madre y virgen a la vez de espíritu y de cuerpo. Pero la Iglesia entera, en los santos que deben poseer el Reino de Dios, es, según el espíritu, madre de Cristo y virgen de Cristo.

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia

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