El Papa Benedicto XVI aprobó que la beatificación de la religiosa mexicana María Inés Teresa Arias, fundadora de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, sea en la Insigne Basílica de Guadalupe, el próximo 21 de abril.
Lo anterior fue notificado el pasado 6 de septiembre, mediante una carta firmada en Roma por la Superiora General de la Congregación, la Misionera Clarisa Julia Meijueiro Morosini.
“Nuestro Santísimo Padre Benedicto XVI ha aprobado como fecha para la Beatificación de Nuestra Madre María Inés Teresa Arias, el sábado 21 de abril de 2012 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, a las 11:00 de la mañana. Y como Delegado suyo para esta Ceremonia, el Eminentísimo Cardenal Ángelo Amato, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos”, dice la misiva.
Con esta ceremonia religiosa, la Basílica de Guadalupe habrá sido escenario de las siguientes beatificaciones: Juan Diego Cuautlatoatzin, Padre José María Yermo y Parres, los tres Niños Mártires de Tlaxcala y los dos mártires fiscales indígenas del pueblo de Cajonos, Oaxaca, así como de la canonización de San Juan Diego, el vidente del Tepeyac.
La arquidiócesis Primada de México ha expresado esta notificación con gran alegría y el cardenal Norberto Rivera ha invitado todos los fieles a festejar este acontecimiento, al lado de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, congregación que tiene presencia en los cinco continentes y cuya labor social se ha especializado en dos rubros: la enseñanza y la salud.
El Papa Benedicto XVI declaró ayer, durante una ceremonia en El Vaticano, seis nuevos santos de la Iglesia católica, entre ellos una monja australiana que en su tiempo fue excomulgada por haber denunciado a un sacerdote pederasta.
Ante varios miles de personas en la Plaza de San Pedro elevó al “honor de los altares” a los beatos Mary MacKillop, la primera santa de Australia y André Bessette, el primer canadiense, además de dos religiosas italianas, una española y un sacerdote polaco.
Durante la homilía de la misa, en el idioma propio de cada uno de los nuevos santos, recordó parte de sus biografías y saludó a sus seguidores que llegaron hasta El Vaticano para asistir a la celebración.
El pontífice evocó a MacKillop quien, dijo, se dedicó a la educación de los pobres en la Australia rural y fundó las Hermanas de San José del Sagrado Corazón.
Afirmó que sor Mary enfrentó dificultades, aunque no citó abiertamente la excomunión temporánea que sufrió por manos el Obispo de Adelaida por haber denunciado a un cura pedófilo.
En francés habló de André Bessette, primer santo canadiense, nacido en Quebec, hermano de la Congregación de la Santa Cruz y portero del colegio Notre Dame de Montreal.
Hizo lo propio con Stanislaw Kazimierczyk Soltys, religioso polaco que vivió en el Siglo 15 en Cracovia, trabajando como sacerdote y educador así como con la española Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola, fundadora de los Hijos de Jesús.
En italiano se refirió a Giulia Salzano, quien vivió en la mitad del Siglo 19, fundadora de la Congregación de las Hermanas Catequistas del Sagrado Corazón de Jesús y a Battista Camilla de Varano, noble de su época y monja clarisa del Siglo 15.
También en el sermón, el líder católico subrayó la necesidad de rezar siempre, sin cansarse y sin caer en el desánimo pese a las tentaciones.
“A veces nos cansamos de orar, tenemos la impresión que el rezo no es tan útil para la vida, que sea poco eficaz. Por ello estamos tentados a dedicarnos a la actividad, de emplear todos los medios para alcanzar nuestros objetivos y no recurrimos a Dios”, dijo.
“A veces nos cansamos de orar, tenemos la impresión que el rezo no es tan útil para la vida…”.
CANONIZADOS
Los nuevos santos declarados ayer por Benedicto XVI.
- Mary MacKillop, la primera santa australiana. Se dedicó a la educación de los pobres en la Australia rural y fundó las Hermanas de San José del Sagrado Corazón.
- André Bessette, primer santo canadiense. Nacido en Quebec, hermano de la Congregación de la Santa Cruz y portero del colegio Notre Dame de Montreal.
- Stanislaw Kazimierczyk Soltys, religioso polaco que vivió en el Siglo 15 en Cracovia, trabajando como sacerdote y educador.
- Giulia Salzano, monja italiana que vivió en la mitad del Siglo 19, fundadora de la Congregación de las Hermanas Catequistas del Sagrado Corazón de Jesús.
- Battista Camilla de Varano, noble de su época y monja clarisa del Siglo 15.
Con la intención de propagar la fe y dar testimonio de los milagros de Santa Filomena y para pedir por la paz, la tarde del miércoles nutrido grupo de feligreses vestidos de blanco por la pureza que representa la niña virgen, descalzos y en sus manos globo rosa y cintas en los tonos blancos y rojos, peregrinaron por las principales calles de la ciudad trasladándose al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en donde se efectuó solemne misa que ofició el padre José René Castro. Alejandra Liera Aguilar personificó a la niña mártir Santa Filomena.
Santa Silomena nació un 10 de enero, fue una niña a la que le pusieron “Lumina” por haber nacido por la luz de la fe cristiana. Filomera era hija de un gran señor, rey de un pequeño estado de Grecia, quien al igual que su madre era pagano. Verdaderamente Filomena comenzó a ser Luz para quienes se acercaban a ella. Muchas familias se convirtieron y pedían el bautismo a la Iglesia. A los 5 años, Filomena recibió el sacramento de la eucaristía, su fe y amor crecían continuamente en su corazón. A los 11 años, consagra su vida a Jesucristo, prometiéndose ser y vivir sólo para Él en cuerpo y alma.
El Papa Benedicto XVI autorizó esta mañana a la Congregación para la Causa de los Santos a promulgar los decretos concernientes a la canonización del sacerdote italiano Luigi Guanella, la beatificación de un sacerdote y tres religiosas italianas, y 31 mártires de España, Alemania, Hungria y Francia.
Al recibir al Arzobispo Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Papa autorizó la promulgación de los decretos sobre los milagros atribuidos a la intercesión de:
Beato Luigi Guanella, italiano, (1842-1915), sacerdote, fundador de la Congregación de los Siervos de la Caridad y del Instituto de las Hijas de Santa María de la Providencia.
Venerable Giustino Maria Russolillo, italiano, (1891-1955), sacerdote, párroco de Pianura y fundador de la Sociedad de las Divinas Vocaciones.
Venerable Sierva de Dios Maria Serafina del Sagrado Corazón de Jesús (en el siglo: Clotilde Micheli), italiana, (1849-1911), fundadora del Instituto de las Hermanas de las Hermanas de los Ángeles.
Venerable Sierva de Dios Alfonsa Clerici, italiana, (1860-1930), religiosa profesa de la Congregación de las Hermanas de la Preciosísima Sangre de Monza.
Venerable Sierva de Dios Cecilia Eusepi, italiana, (1910-1928), de la Tercera Orden Secular de los Siervos de María.
En su catequesis de la Audiencia General de este miércoles el Papa Benedicto XVI presentó sus reflexiones sobre Santo Tomás de Aquino, el gran pensador de la Iglesia en el medioevo que es ejemplo de la armonía que debe existir entre la fe y la razón.
El Pontífice recordó que a este santo se le conoce como el “Doctor Angélico” por “la sublimidad de su pensamiento y pureza de vida”. Santo Tomás nació alrededor del año 1225 en el seno de una familia noble, en Roccasecca (Italia), cerca de la Abadía de Montecasino. Siendo muy joven fue enviado a la Universidad de Nápoles, donde se interesó por primera vez por el pensamiento de Aristóteles y sintió la llamada a la vida religiosa.
“Tomás de Aquino, en la escuela de Alberto Magno, llevó a cabo una operación de importancia capital para la historia de la filosofía y de la teología, así como de la historia y de la cultura: estudió a fondo Aristóteles y sus intérpretes” y “comentó gran parte de las obras aristotélicas, distinguiendo lo que era válido de lo dudoso o rechazable, mostrando la consonancia con los datos de la Revelación cristiana y sirviéndose con amplitud y agudeza del pensamiento aristotélico en la exposición de los escritos teológicos que compuso. En definitiva, Tomás de Aquino demostró que entre fe cristiana y razón hay una armonía natural”.
Como parte de las festividades por el bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco, las reliquias del fundador de la familia salesiana llegarán a México el 4 de Agosto 2010 y permanecerán en el país “cerca de un mes, para recorrer varias ciudades de la Republica Mexicana”.
La llegada al país mexicano cumple con la peregrinación alrededor de los cinco continentes y a la largo de 130 países que se inició el pasado 25 de Abril de 2009, cuando “la Urna de Don Bosco fue presentada y bendecida en la Basílica de María Auxiliadora en Turín Italia, por el Rector Mayor, el Padre Pascual Chávez Villanueva, (mexicano), Superior general de los Salesianos de Don Bosco en el Mundo”.
El itinerario de las reliquias en México comenzará con su llegada al aeropuerto desde donde serán llevadas al Santuario de María Auxiliadora. Seguidamente, el 7 de Agosto estará en la Basílica de la Virgen de Guadalupe en el Distrito Federal y el 8 de Agosto en la Catedral de la ciudad.
Asimismo, durante su estadía las reliquias del santo visitarán diferentes ciudades del país como son: Uruapan, Morelia, Querétaro, Colima, San Luis Potosí, Saltillo, Monterrey, Oaxaca, Puebla, entre otras.
Benedicto XVI bendijo la estatua de santa Rafaela María Porras y Ayllón, religiosa española, fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, canonizada por Pablo VI el 23 de Enero de 1977. La estatua representa a la santa con una niña a los pies que simboliza la obra educativa llevada a cabo por las monjas.
Más de 20 mil feligreses visitan cada año el santuario del Cerrito.
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin
(1474-1548)
« su confianza en Dios y en la Virgen;
su caridad, su coherencia moral,
su desprendimiento y su pobreza evangélica.
Llevando una vida de eremita, aquí, cerca deL
Tepeyac, fue ejemplo de humildad.»
Juan Pablo II, 6 de mayo de 1990
Su Historia
El Beato Juan Diego, que en 1990 Vuestra Santidad llamó «el confidente de la dulce Señora del Tepeyac» (L’Osservatore Romano, 7-8 maggio 1990, p. 5), según una tradición bien documentada nació en 1474 en Cuauhtitlán, entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia de los chichimecas.Se llamaba Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba «Águila que habla», o «El que habla con un águila».
Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los PP. Franciscanos llegados a México en 1524, recibió el bautismo junto con su esposa María Lucía. Celebrado el matrimonio cristiano, vivió castamente hasta la muerte de su esposa, fallecida en 1529. Hombre de fe, fue coherente con sus obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión con Dios mediante la eucaristía y el estudio del catecismo.
El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición de María Santísima, que se le presentó como «la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios». La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al Obispo capitalino el franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Y como el Obispo no aceptase la idea, la Virgen le pidió que insistiese. Al día siguiente, domingo, Juan Diego volvió a encontrar al Prelado, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio.
El 12 de diciembre, martes, mientras el Beato se dirigía de nuevo a la Ciudad, la Virgen se le volvió a presentar y le consoló, invitándole a subir hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas. Una vez recogidas las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al Sr. Obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo el Beato abrió su «tilma» y dejó caer las flores, mientras en el tejido apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México.
El Beato, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, dejó los suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del Obispo, pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del Cielo». Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en este grandioso templo, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe.
En espíritu de pobreza y de vida humilde Juan Diego recorrió el camino de la santidad, dedicando mucho de su tiempo a la oración, a la contemplación y a la penitencia. Dócil a la autoridad eclesiástica, tres veces por semana recibía la Santísima Eucaristía.
En la homilía que Vuestra Santidad pronunció el 6 de mayo de 1990 en este Santuario, indicó cómo «las noticias que de él nos han llegado elogian sus virtudes cristianas: su fe simple [...], su confianza en Dios y en la Virgen; su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y su pobreza evangélica. Llevando una vida de eremita, aquí cerca de Tepeyac, fue ejemplo de humildad» (Ibídem).
Juan Diego, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima entre sus contemporáneos que éstos acostumbraban decir a sus hijos: «Que Dios os haga como Juan Diego».
Circundado de una sólida fama de santidad, murió en 1548.
Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de Guadalupe, ha atravesado los siglos, alcanzando la entera América, Europa y Asia.
En abril de 1990, en una solemne ceremonia en la Basílica de Guadalupe en México, el Santo Padre Juan Pablo II le declaró Beato, ante Vuestra Santidad fue promulgado en Roma el decreto «de vitae sanctitate et de cultu ab immemorabili tempore Servo Dei Ioanni Didaco praestito».
El 6 de mayo sucesivo, en esta Basílica, Vuestra Santidad presidió la solemne celebración en honor de Juan Diego, decorado con el título de Beato.
Precisamente en aquellos días, en esta misma arquidiócesis de Ciudad de México, tuvo lugar un milagro por intercesión de Juan Diego. Con él se abrió la puerta que ha conducido a la actual celebración, que el pueblo mexicano y toda la Iglesia viven en la alegría y la gratitud al Señor y a María por haber puesto en nuestro camino al Beato Juan Diego, que según las palabras de Vuestra Santidad, «representa todos los indígenas que reconocieron el evangelio de Jesús» (Ibídem).
Beatísimo Padre, la canonización de Juan Diego es un don extraordinario no sólo para la Iglesia en México, sino para todo el Pueblo de Dios.
Juan Pablo II proclamó públicamente la santidad de Juan Diego en una Solemne Misa de Canonización en la Basílica de la Virgen de la Guadalupe en México el 31 de julio, 2002. Su fiesta la fijó el mismo Santo Padre el 9 de diciembre porque ése “fue el día en que vió el Paraíso” (día de la primera aparición).
Miles de fieles acuden hoy a la iglesia de San Hipólito, ubicada en el centro de la Ciudad de México a pedir o agradecer un favor cumplido a San Judas Tadeo, el ‘Santo de las causas difíciles’, inicando así su celebración.
Aquí como cada 28 de mes y en especial de octubre, se dieron cita miles y miles de fieles a venerar al “Santo de las causas difíciles”.
Miles de devotos que vienen a pedir o agradecer un favor cumplido, llegaron con música, cohetes, flores y globos, cargando su imagen llenos de alegría luego de caminar varias horas e incluso días para llegar a este lugar.
En esta celebración los fieles se acercan y regalan desde chocolates y botellas con granos de maíz y frijol y se venden “San Juditas” de todos tamaños y precios, algunos llegan a costar hasta 2 mil 500 pesos.
Son fiéles devotos que refrendan una vez más su fe y su tradición a este santo que se caracteriza por su barba, vestido de túnica inmaculada, manto verde y un gran medallón en el pecho.